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DECOMUNAL

Finanzas personales / Libros

Padre rico, padre pobre

Robert T. Kiyosaki · 1997

Padre rico, padre pobre enseña una sola cosa que vale el precio: la diferencia entre un activo (lo que mete dinero a tu bolsillo) y un pasivo (lo que lo saca), y que la casa donde vives no es lo primero. Todo lo demás son historias, y el «padre rico» casi seguro no existió. Se lo daríamos a un niño o a un joven que nunca se ha preguntado por qué trabaja por dinero; a un adulto, solo con filtro.

Qué enseña, y qué vale de verdad

  1. 1Activo contra pasivo

    La idea central y la que vale el libro: un activo pone dinero en tu bolsillo, un pasivo lo saca. Con esa vara, el coche a crédito y muchas «inversiones» cambian de columna. Es lo único que hay que quedarse.

  2. 2Tu casa no es (primero) un activo

    La casa propia cuesta hipoteca, predial y mantenimiento antes de dar nada. No dice que no la compres: dice que no te engañes llamándola inversión mientras te saca dinero cada mes.

  3. 3Trabajar por dinero o que el dinero trabaje

    La «carrera de la rata»: subir de sueldo y subir de gastos al mismo ritmo. La salida que propone es comprar activos con lo que sobra. La idea sirve; la receta que da después, no tanto.

  4. 4Los ricos no trabajan por dinero (dice)

    Vale como provocación para un joven. Como descripción de cómo se hace uno rico en México, no: la mayoría de la gente que conocemos con patrimonio lo hizo trabajando, ahorrando y comprando activos aburridos, no con apalancamiento.

Lo que no hay que comprarle

  • El padre rico

    Kiyosaki nunca ha dado su nombre y las pistas que dio no cuadran. Lo más probable es que sea un recurso literario. Leer el libro sabiendo eso cambia el tono: es una fábula con moraleja, no una biografía.

  • Endeudarte para comprar bienes raíces

    Es su consejo estrella y es el peor para aplicar aquí: con hipotecas al 10 % o más y rentas que no las cubren, el apalancamiento que él celebra en el Hawái de los ochenta te deja con un pasivo, no con un activo.

  • Los seminarios y la secuela infinita

    El libro es la puerta de un negocio de cursos, juegos de mesa y «Padre rico» de todo. Lo que vende es la sensación de haber entendido algo. La sensación es real; el sistema, no.

  • «Fantasioso» es la palabra

    Leído de niño, inspira. Leído de adulto, con una nómina y un buró de crédito, se nota que la historia está armada para que la moraleja cierre. Por eso «sí con notas»: quédate con el concepto y suelta la receta.

En México

Lo que sí aplica: la lista de activos y pasivos hecha con tus números (renta, coche, tarjetas, Afore, Cetes). Lo que no: comprar propiedades con deuda «para que se paguen solas»; con las tasas y las rentas de aquí, la matemática no da. Un activo mexicano aburrido que sí pone dinero en el bolsillo se llama Cetes.

Qué leer después

La lista completa, en orden de lectura →

Preguntas frecuentes

¿Vale la pena leer Padre rico, padre pobre?
Sí, una vez y con filtro. La idea de activo contra pasivo vale el precio; la receta de endeudarte para comprar inmuebles, no. Y el padre rico casi seguro no existió.
¿Qué enseña Padre rico, padre pobre?
Que un activo mete dinero a tu bolsillo y un pasivo lo saca, que tu casa no es lo primero, y que subir de sueldo sin comprar activos es correr en la misma rueda. Lo demás es relato.
¿Es para jóvenes?
Es su mejor lector: un adolescente o alguien de 18 que nunca se ha hecho la pregunta. A esa edad la fábula inspira. De adulto, con nómina y crédito encima, se le ven las costuras.
¿Cuánto cuesta y qué edición comprar?
Tapa blanda en español, la de siempre; hay versión «para jóvenes» que dice lo mismo más corto. El precio cambia: el botón de arriba lleva a la edición vigente en Amazon México.
¿Es falso Padre rico, padre pobre?
La historia sí es, como mínimo, adornada: el padre rico nunca fue identificado. Los conceptos —activo, pasivo, flujo de caja— son reales y estaban antes de Kiyosaki. Lee el concepto, no la biografía.

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